jueves, 12 de mayo de 2022

TOMÁS

Tomás era un niño que vivía con sus padres en un barco. ¿En un barco? Os preguntareis. Sí, en un barco. Y no uno cualquiera, sino en un trasatlántico.

Su padre era pianista y su madre tocaba el contrabajo, y formaban parte de la orquesta de fiestas. 

Tomás, a sus 8 años, había viajado más de lo que muchos sueñan. Y durante estos años, había visto y conocido a muchas personas, a un hindú que comía bombillas, a la mujer más alta del mundo, a la niña Record Guinness de salto de comba, en definitiva, mucha y muy variada gente. 

Tomás soñaba con convertirse algún día en una persona especial como aquellas que veía.

Un día, cuando el barco había llegado a puerto, y Tomás había terminado sus deberes (porque vivía en un barco pero también tenía que hacer deberes), sus padres le dejaron salir a proa y ver como subían nuevos pasajeros.

Mientras observaba, escuchó una voz que le decía: "¡Eh, tú! ¡Eh, niño!"

Tomás miró a su alrededor, pero nadie parecía llamarle.

"Ehh, aquí abajo" - volvió a escuchar.

Cuando bajo la cabeza no podía creer lo que veía, ¡había un pez señalándole! Y no contento con eso, le lanzó una moneda de oro con la boca.

Desde aquel día Tomás supo que él era la persona más interesante que viajaba en ese barco.

lunes, 9 de mayo de 2022

PEDRITO Y CALIXTO

 Había una vez, un niño llamado Pedrito. Vivía en un pueblo de montaña con sus padres y sus abuelos. Le gustaba explorar los alrededores y conocía todos los rincones del lugar. Pero un día se despistó demasiado y se perdió. 

Llegó a un lugar que nunca había visto, con muchos árboles que no conocía; estaba tan asombrado mirando hacia arriba las ramas de los árboles, que tropezó y se cayó al suelo.

- ¡Ay! ¡Qué daño me has hecho! ¿Es que no miras por donde andas?

Pedrito se quedó sin palabras, había tropezado con un erizo que hablaba y tenía una púa clavada en su zapato.

- ¿Pero no vas a disculparte, niño? -dijo el erizo malhumorado.

"Perdone, me he perdido, no conozco este lugar, ¿Podría ayudarme a volver a mi casa? Creo que esto le pertenece" dijo Pedrito devolviéndole la púa al erizo.

El erizo le explicó a Pedrito que estaba en el bosque mágico y que todos los animales que vivían allí podían hablar. 

- Me llamo Calixto y soy un erizo - le dijo.

Pedrito, ilusionado se presentó también: "Mi nombre es Pedrito y soy un niño".

Calixto acompañó a Pedrito hacia la salida, mientras caminaban, iban hablando y se dieron cuenta que podrían ser amigos, a los dos les gustaba explorar por los bosques, bañarse en el río y comer manzanas. Se rieron al pensar como se habían conocido.

Cuando llegaron al pueblo de Pedrito, se despidieron y Pedrito prometió volver al bosque y Calixto esperarle allí todos los días.


domingo, 8 de mayo de 2022

LOS 3 AMIGOS

 Había una vez un patito que nadaba en un río. Se llamaba Fermín.

Y caminando en la orilla, había una tortuguita, respondía al nombre de Floripes.

Fermín se divertía picoteando las hierbas de la orilla, cuando escuchó una voz:

"¡Ay, por favor! ¿Quién me ha picado en la patita?" 

Fermín se fijó más y entre las hierbas descubrió una patita verde. 

- Perdona, no te había visto - dijo - Soy un patito, me llamo Fermín, ¿Tú que eres?

"Soy una tortuga, me llamo Floripes, ¿Porqué querías comerme una patita?" preguntó la tortuga.

- No quería comerte la patita, es que como es verde igual que las hierbas... 

"No te preocupes, todos nos podemos equivocar" dijo Floripes "Soy una tortuga".

Al otro lado del río un pececito llamado Paquito, buceaba contento.

Cuando tropezó con algo y se hizo daño en la cabecita. El pececito miró hacia arriba. Y el patito miró hacia abajo.

"¡Uy, qué susto!" grito Paquito. Y corriendo con sus aletas se escondió entre las hierbas.

- No te asustes, no pasa nada - le dijo la tortuga, que lo había visto todo - Todos podemos ser amigos.

Paquito, despacito, salió de entre las hierbas y se acercó a ellos cabizbajo.

"Es que acabo de nacer, y todavía no había visto a nadie" se explicó el pececito.

Fermín y Floripes sonrieron, Paquito parecía un pez muy simpático y no querían perder la oportunidad de conocerlo. Además se dieron cuenta en seguida que el pobre pececito tenía mucho miedo y recordaron todas las veces que habían tenido miedo.

"Paquito, yo soy una tortuga y Fermín es un patito, aunque somos diferentes no queremos hacerte daño y juntos podemos vivir en el río" dijo Floripes.

- Si, si, podemos ayudarte a conocer amigos - asentía Fermín con la cabeza.

El pececito se puso muy contento, no podía imaginar que haría amigos tan pronto.

sábado, 7 de mayo de 2022

CAPERUCITA ROJA Y SU ABUELO

Había una vez, en un pueblo pequeño, una niña llamada María, a la que todos conocían como Caperucita Roja, por una chaqueta roja con caperuza que siempre llevaba.

Un día, cuando llegó del colegio, su madre le preguntó si podía acercarle a su abuelo una cesta con sopa de pollo y miel con canela, ya que este no se encontraba bien.

Caperucita, aceptó encantada, le gustaba mucho visitar a su abuelo y si podía ayudarle, ¡mejor, que mejor!

Por el camino iba pensando en lo mucho que su abuelo le había cuidado. Recordó cuando iban juntos a la huerta a recoger fresas y nueces, como la llevaba en su carretillo cuando se le cansaban las piernas, y como siempre le buscaba el sitio más seco y fresco para comer la merienda, ¡Y vaya meriendas! El abuelo era un gran chef, hacía los mejores pasteles de crema del mundo, y ¡cómo estaban sus galletas! A caperucita se le hacía la boca agua. Iban tan absorta pensando en su abuelo, que no vió venir un lobo.

- Buenos días, señorita - le dijo este.

"Hola, buenos días" contestó Caperucita un poco asustada.

- ¿Vas tu sola por estos caminos? ¿Puedo preguntarte donde vas? ¿Y qué llevas en esa cesta? - preguntaba el lobo.

"Disculpe señor, no quiero ser mal educada, sólo quiero llegar a mi destino lo antes posible" respondió Caperucita.

Y sigió caminando. Ya más centrada, mientras andaba, se dió cuenta que el lobo la seguía. Mantuvo la calma y aceleró un poco el paso.

Cuando llegó a casa de su abuelo, llamó al timbre y este le hizo pasar.

- Caperucita, cariño, muchas gracias por venir a verme -dijo el abuelo.

No le dió tiempo a contestar a Caperucita cuando sonó el timbre de la puerta.

"Hola abuelo, he venido a verte en cuanto me he enterado que estabas un poco pachucho" dijo Caperucita "Perdona, pero estoy un poco preocupada, cuando venía hacía aquí, un lobo se interpuso en mi camino y me preguntó por la cesta" 

- No te preocupes más, el lobo es mi nuevo amigo. Como sabía que vendrías a verme le he pedido que se acerque para acompañarte, el problema estaba en que no te conocía, por eso te pregunto todas esas cosas para saber si eras tú mi nieta y no confundirse - contestó el abuelo, a la vez que hacía pasar al lobo a casa.

"Hola abuelo, ¿Asique esta es tu nieta?" - dijo el lobo sonriendo - "¡Vaya si anda deprisa! ¡No me ha dado tiempo a explicarme!"

El abuelo les presentó a los dos para que se conocieran.

Caperucita sonrío aliviada y un poco avergonzada. El lobo se dió cuenta que la niña lo había malinterpretado y también sonrió.

Abuelo, niña y lobo, charlaron toda la tarde y cuando Caperucita se fue a casa, el lobo la acompañó, solo por si a caso...

jueves, 5 de mayo de 2022

ERASE UNA VEZ EN ANATOLIA

 Había una vez una niña llamada Ana. El señor y la señora Tolia eran sus padres, ambos arqueólogos.

Ana, estaba acostumbrada a recorrer el mundo en busca de ciudades y civilizaciones perdidas. 

Un día, mientras estaban de expedición en la antigua ciudad de Septra en Egipto, Ana encontró un pasadizo un tanto pequeño.

Llamó a sus padres, que se acercaron de inmediato. 

"Ana, creo que acabas de realizar un gran hallazgo" - digo su madre. 

"Pero este pasadizo es tan estrecho y pequeño, que no se si podremos averiguar que hay al final" - comentó su padre.

- Tengo una idea, ¡Yo entraré en él! Soy pequeña y quepo perfectamente - gritó Ana emocionada.

Sus padres no estaban muy convencidos en un principio, pero contaban con un equipo muy sofisticado y fueron conscientes de que Ana no corría ningún peligro.

Ana entró en el pasadizo, dio cuatro pasos al frente y se quedó a oscuras, encendió la linterna de su casco y continuo caminando.

El pasadizo era de piedra caliza como las pirámides y comenzó a ver jeroglíficos, en perfecto estado y a todo color. 

- Mis padres van a ganar un buen ascenso con este descubrimiento - iba pensando Ana.

Al llegar al final del estrecho camino se adentró en lo que pareció una gran estancia, con la linterna de su casco vio una hilera de espejos y recordó el antiguo truco de los egipcios para iluminar habitaciones, colocó el primer espejo frente a otro y ¡Voilà! se hizo la luz.

A la niña se le quedaron los ojos como platos, ante ella se mostraba una enorme ciudad de juegos, toda hecha a una escala más pequeña. ¡Era una ciudad de niños de más de 3000 años de antigüedad! 

Cuando volvió con sus padres y contó al resto del equipo lo que había visto, nadie tuvo ninguna duda en dar nombre al hallazgo "Ana Tolia, la ciudad de los niños".


miércoles, 4 de mayo de 2022

EL LEÓN Y LA MANZANA

 Había una vez, un león llamado Kifat. Vivía en una manada de leones y leonas en la sabana africana. Le gustaban muchos los filetes, y todos los días se ponía las botas; igual le daba que fueran grandes o pequeños, gordos o flacos. Le gustaban tanto, que no comía otra cosa.

Un día de verano mientras dormía la siesta, se le apareció una manzana sonriente.

La manzana amarilla, le dijo:

"Kifat, león comilón, te creía más listo. Solo quieres comer filetes, ¿Acaso no sabes que yo y mis hermanas poseemos la más tierna carne?"

El león se despertó con un golpe seco en la cabeza. Se le había caido encima una de las manzanas del árbol bajo el que dormía.

No lo pensó ni un momento y se acercó la manzana a la boca y... ÑAM! de un solo mordisco se la comió.

Desde ese día, Kifat comía deliciosos filetes y jugosas manzanas a partes iguales.

lunes, 2 de mayo de 2022

GRITOS DE LA FRONTERA

 "Gritos de la Frontera"


Había una vez una niña que se llamaba Alegra. Tenía una abuela que vivía en un pueblo costero muy bonito, Gritos de la Frontera.

Le gustaba pasar los veranos con su abuela, y cuando no tenía que ir al colegio.

Su abuela se llamaba Rosa, pero ella le llamaba cariñosamente "yaya". 

Yaya era una abuela muy mayor, tenía 87 años pero estaba en muy buena forma y salvo porque era un poco dura de oido, no se notaban nada sus años. 

Alegra y yaya hacian muchas cosas juntas pero lo que más le gustaba a Alegra era ir al pueblo a hacer los recados.

La primera parada la hacian en casa de la señora Rufina. Rufina hacía pan y vendía barras y hogazas, tambien estaba un poco teniente asique hablaban entre ellas muy alto, asi:

¡¡RUFINAAAAA, PONME DOS BARRAS QUE ESTA AQUI MI NIETA!!, gritaba yaya.

- ¡AHORA MISMO, ROSA!, decía Rufina.

¡GRACIAS, RUFINA! ¡GRACIAS, ROSA! Y se despedian agitando la mano.

La segunda parada era la casa del señor Pio. Pio era el frutero del pueblo y tambien tenía que agudizar el oido para poder entender algo:

¡¡PIOOO, PONME LAS MEJORES MANZANAS QUE TENGAS, QUE ESTA AQUI MI NIETA!!, gritaba yaya.

- ¿COMO DICES ROSA? ¿QUE NO PUEDES ESTARTE QUIETA?, preguntaba con extrañeza Pio.

¡¡NO PIO!! ¡¡QUE ME PONGAS LAS MEJORES MANZANAS QUE TENGAS, QUE ESTA AQUI MI NIETA!!, gritaba yaya, mientras señalaba a Alegra.

¡GRACIAS, PIO! ¡GRACIAS, ROSA! Y con una gran sonrisa se despedian.

La tercera parada era la casa del señor Ventura. Ventura era el pastelero del pueblo, y tambien tenía un problema de oido, estaba como una tapia:

¡¡VENTURAAAAA, PONME UN PASTEL DE ALMENDRAS, QUE ESTA AQUI MI NIETA!!, gritaba yaya.

Pero Ventura no repondía. Asique "yaya" cogía aire y mientras gritaba le daba un toquecito en el hombro:

¡¡VENTURAAAAA, PONME UN PASTEL DE ALMENDRAS, QUE ESTA AQUI MI NIETA!!

Ventura se daba la vuelta y exclamaba:

- ¡¡HOLA ROSA!! ¡¡SI ESTA AQUI TU NIETA!! ¡¡NO ME DIGAS NADA, VOY A PONERLE UN PASTEL DE ALMENDRAS!!

¡GRACIAS, VENTURA! ¡GRACIAS, ROSA! Y Alegra cogía su pastel y con un beso se despedía de Ventura.

Aunque Alegra era muy felíz viviendo con sus padres en Silencio de Arriba, siempre echaba de menos Gritos de la Frontera, su yaya y sus gentes.

Marilibro: En los juegos olímpicos.

  Un día, en la biblioteca del cole, estaba Marilibro leyendo un cuento sobre deportes, tan concentrada y tan atenta estaba que comenzó a se...