miércoles, 1 de junio de 2022

LA RANA BAILONGA

 

Croack, Croack! Croack, Croack!

Suena el despertador de Sara la Rana en la charca.

Saraaaaaa, Saraaaaaa, - le dice su madre Rana desde el nenúfar de al lado. – Levántate que tienes que ir a la escuela.

Sara se levanta de la cama, con más pena que vergüenza, desayuna y se va a la escuela de las ranas.

Allí el profesor ranacuajo enseña matemáticas.

2+2=4 Sara mira sin ver la pizarra, solo puede pensar en bailar. En mover sus ancas de rana, sus bracitos de rana, su cabeza de rana y bailar como si no hubiera mañana.

Y bailando, bailando en sus pensamientos, los números también se mueven.

El 1 y el 2, bailan suelto, mientras que el 3 y el 4, se agarran de las manos; al 5 y al 6, que son  mellizos les gusta dar vueltas y más vueltas, el 7 y el 8  bailan dando palmas, al mismo tiempo el 9 y el 10, como son los mayores, bailan tango agarrados.

Sara Rana, ¿puede contar usted hasta 10? – pregunta ranacuajo el profesor.

¡Claro que sí! -dice Sara, mientras se pone en pie- Uno y dos – Y baila- Tres y cuatro – Y mueve sus ancas de rana- Cinco y Seis – Y da vueltas- Siete y ocho- Y da palmas- Nueve y diez – Y baila tango.

¡Muy bien! Plas plas plas – Aplauden el profesor y los compañeros.

Sara Rana es un excelente estudiante y gran bailarina.

lunes, 30 de mayo de 2022

LA VISITA INESPERADA

 

Había una vez una familia de conejos que vivían en su madriguera. Eran muy felices en el monte Pajariel; tan verde, tan lleno de árboles y arbustos con muchos frutos.

Un día toda la familia se despertó con un sonido sospechoso.

Crunch, cruch, cruch, cruch – sonaba por todo el lugar.

El papá y la mamá abrieron la puerta de la casa-madriguera lentamente.

¡Pero que ven mis ojos! – exclamó el papá.

No puede ser,  ¡no hay derecho! – dijo la mamá muy enfadada.

Delante de sus narices había una ardilla comiéndose las zanahorias de su huerto.

Eh, tú, vete de aquí, ¡este es nuestro huerto! – gritó desde la ventana el pequeño conejito.

La ardilla les miró con los ojos un poco llorosos, puso pucheros  y agachó la cabeza.

- Lo siento, llevo varios días perdida por este monte, ¿sabéis dónde está el parque del Temple?

Los papás se dieron cuenta que la ardilla estaba realmente hambrienta, cortaron unas cuantas zanahorias, unos frégoles, unos nabos y unas berzas, e hicieron pasar adentro de la casa a la ardilla.

Se sentaron a la mesa y mientras el papá preparaba las verduras, la mamá salió a buscar agua al río Sil, que estaba muy cercano a su casa.

Los dos hijitos conejos no entendían nada. Había pillado infraganti a la ardilla mientras les robaba  las verduras de su huerto, las que tanto les costaba a sus papás cuidar, ¿Por qué sus papis habían dejado entrar en la casa a un desconocido?

Pero en cuanto vieron comer a la pobre ardilla, en seguida lo supieron.

- ÑAM, ÑAM, ÑAM – comía la zanahoria.

- CRUCH, CRUCH, CRUCH – masticaba los fréjoles.

- MUK, MUK, MUK – “rañaba” los nabos con su dientecitos.

- CRAC, CRAC, CRAC – engullía las berzas.

- GLUP, GLUP, GLUP – y se bebió toda el agua.

La ardilla, contenta y un poco avergonzada, dió una y mil veces las gracias a la familia de conejos.

- ¡Muchas gracias, amigos! Sólo me queda una última cosa, ¿podríais indicarme cómo llevar al parque del Temple? Allí vivía con mi familia hasta que me entretuve buscando piñones en un árbol y se me hizo de noche…

Sin problemas ardilla, te acompañaremos encantados – dijo el papá mientras la mamá y los hijos asentían con la cabeza.

¡Sí, sí, nosotros también queremos ir al parque! – gritaban los conejitos.

Caminaron entre los árboles, cruzaron un par de huertas, saltaron dos vallas de madera y giraron a la derecha, después saltaron por el colegio de los niños y cruzaron una carretera mirando muy bien hacia los dos lados y llegaron al parque.

¡Mirad, mirad! ¡Allí están mis padres! – dijo la ardilla.

Tras una pequeña reprimenda, los padres de la ardilla le dieron un gran abrazo. Acudieron en seguida a agradecer a los conejos la ayuda prestada a su hija.

Y así, conejos y ardillas celebraron el reencuentro y la nueva amistad.

jueves, 26 de mayo de 2022

COMO TODOS LOS DÍAS

 Un día de verano el lobito Perry se despertó en su cueva, como todos los días.

Se desperezó y salió a ver el sol, como todos los días.

Saludó a su vecino el zorro, como todos los días. Y como todos los días el zorro le respondió: 

- ¡Ay, lobito lobito! ¿Vas a bajar otra vez al pueblo? ¡Pásatelo muy bien!. 

"Sí, señor Zorro, así lo haré" contestaba Perry, como todos los días.

Asi que el lobito, bajó del monte por el camino de piedras, como todos los días. 

Bebió agua fresca de la fuente, como todos los días. Y como todos los días, estaba esperándole allí su amigo, el niño Miguel.

- ¡Buenos días, Perry! Toma, te he traido pan con jamón. Cómetelo todo que hoy vamos a ir a muchos sitios a jugar - decía Miguel, como todos los días.

"Auuuuuuuuuuu, auuuuuuuuuu, auuuuuu" decía Perry. Y Miguel sabía lo que quería decir.

Despues, salían corriendo a todo correr, como todos los días.

Miguel en su bici, y el lobito con sus patas. Y como todos los días, pasaban por la calle principal del pueblo, saludando y sonriendo:

-¡Hola, señora Gloria! ¡Buenos días, Roberto! ¡Hasta luego, Rogelia! - gritaba contento Miguel.

"Auuuuuuuuuuu, auuuuuuuuuu, auuuuuu" decía Perry. Y toda la gente del pueblo, sabían lo que quería decir.

La gente al verles pasar sonreían y agitaban sus manos, como todos los días.

Al pasar por las afueras del pueblo, corrían por los caminos de las huertas, y como todos los días, olían las flores y las frutas de los vecinos.

Cuando llegan al final, como todos los días, bajaban la cuesta que les llevaba al río, y en la bajada Miguel soltaba los pies de los pedales y gritaba:

- Yupiiiiiiiii - muy alto.

"Auuuuuuuuuuuu" decía Perry también.

Y, como todos los días, hasta que no paraban de bajar no dejaban de gritar.

Una vez abajo, Miguel le lanzaba una piedra al río, y  como todos los días, Perry se tiraba a buscarla muy contento.

Después de jugar mucho rato en el río, volvían al pueblo. Y como todos los días, Perry y Miguel se despedían con la ilusión de volver al día siguiente.

martes, 24 de mayo de 2022

CONFLICTO Y COLABORACIÓN

 1er Cuento (Conflicto):


Había una vez, un gato callejero que vivía en el puerto de la ciudad de Bocarte, se llama Ozzy. 

Bocarte era una ciudad pequeña que se dedicaba principalmente a la pesca.

Ozzy dedicaba la mayor parte del día a conseguir alimento para su numerosa familia gatuna. Se tiraba al mar una y otra vez, en busca de algún distraído pez que cayera bajo sus garras de gato.

A unas pocas manzanas de allí, vivía una familia de gaviotas. Tripi era el padre, el único responsable de traer la comida a casa, desde que su mujer estaba incubando un nuevo huevo.

Un día Ozzy y Tripi coincidieron en el puerto para buscar sustento. La gaviota subida en lo alto de una farola miraba con recelo al gato. Ozzy, por el rabillo del ojo no se perdía detalle de cada movimiento de pájaro. 

Ambos vieron una oportunidad única de atrapar un pez rechonchete que despistado nadaba justo debajo de sus pies. 

El gato sacó sus uñas a la vez que gritaba "¡El pez es mío, pájaro loco!", la gaviota afiló su pico mientras elevaba la voz "¡Fuera de aquí, gato perezoso!" y se lanzaron al agua.

El pez que vio las intenciones de los dos padres de familia, nadó tan rápido como podían sus aletas y desapareció mar adentro.

La gaviota y el gato perdieron la oportunidad de pescar una buena pieza por su egoísmo, algo que tras varias trifulcas, cambiaría.



2o Cuento (Colaboración):


Había una vez, un gato callejero que vivía en el puerto de la ciudad de Bocarte, se llama Ozzy. 

Bocarte era una ciudad pequeña que se dedicaba principalmente a la pesca.

Ozzy dedicaba la mayor parte del día a conseguir alimento para su numerosa familia gatuna. Se tiraba al mar una y otra vez, en busca de algún distraído pez que cayera bajo sus garras de gato.

A unas pocas manzanas de allí, vivía una familia de gaviotas. Tripi era el padre, el único responsable de traer la comida a casa, desde que su mujer estaba incubando un nuevo huevo.

Un día Ozzy y Tripi coincidieron en el puerto para buscar sustento. La gaviota subida en lo alto de una farola miraba al gato. Ozzy, que se dio cuenta, le pidió que bajara:

"Buenos días, gaviota, estoy aquí para conseguir comida para mi familia, podríamos ser socios, seguro que entre los dos, no se nos escapaba ni un pez, tengo una idea..."- dijo Ozzy.

La gaviota escuchó atenta e inmediatamente pusieron en marcha el plan.

El gato se lanzaba desde el puerto al agua y asustaba a los peces que salían despavoridos en dirección contraria, la gaviota aprovechaba confusión y los atrapaba con su pico. Después de cada jornada laboral, los socios se repartían los peces a partes iguales.

Fueron siempre muy amigos y gracias a su colaboración jamás faltaron los peces en sus hogares.


miércoles, 18 de mayo de 2022

EL REGALO MÁS ESPECIAL DE PEDRIN

 Había una vez un niño que se llamaba Pedrin, vivía en una casa muy grande, llena de muebles, cuadros, cortinas, alfombras... Su habitación era muy grande y tenía montones de juguetes por todos lados.

Se acercaba su cumpleaños y como todos los años, siempre pedía juguetes nuevos. No sabía pedir otra cosa, porque cada vez que se aburría de alguno lo rompía, pensando que ya no le hacía falta, que ya conseguiría otro... 

Llegó el gran día y sus padres le organizaron la mejor de las fiestas, acudieron todos sus familiares y amigos y cada uno de ellos llevó una caja con un regalo.

Todos menos su abuelo José, que cansado de que su nieto fuera un caprichoso y un poco egoísta, llevó su regalo sin envolver y se aseguró de que no fuera un simple juguete.

Le llevó a Pedrin un perrito. A sus padres les pareció muy bien, porque ya no sabían que hacer para que Pedrin se portara mejor. 

Cuando Pedrin lo vio, se sorprendió mucho, ¿Qué iba a hacer él con un perro? Un perro necesitaba que lo cuidaran, comer, beber, salir a pasear... el no quería eso, ¡él quería que le cuidaran a él!

Esa noche el perrito se metió con él en la habitación a la hora de dormir. Pedrin intentó echarlo, pero fue imposible, el cachorro le había cogido cariño y quería estar con él a todas horas.

Cuando se despertó por la mañana se dio cuenta de que el cachorro estaba esperando a que se despertara. Bajaron a desayunar y le dio parte de su leche al perrito, que muy contento se lo agradeció con un lametazo. 

Al volver del cole, el perrito le estaba esperando en la puerta moviendo el rabo. Pedrin no pudo resistirse más y le dijo:

"Bueno, si te vas a quedar por aquí, habrá que ponerte un nombre, te llamaré Ron" - dijo Pedrin-.

Así con el paso de los días, vió como su amistad con Ron crecía y crecía. Pedrin se dedicaba al cuidado del perrito todos los días, le daba de comer, su bebedero siempre estaba lleno, le bañaba y le sacaba a dar un paseo todos los días. 

El niño aprendió, gracias al regalo de su abuelo José, que para ser feliz no hace falta tener muchas cosas, sino tener las más importantes.

Pedrin se hizo tan responsable, que hasta regaló parte de sus miles de juguetes entre los niños de su colegio y jamás volvió a romper ninguno.

lunes, 16 de mayo de 2022

LOS MARTES EN FAMILIA

 Había una vez, en un bloque de viviendas de Alcorcón, dos familias que compartían piso.

Abel y Mixo, eran los padres. Las mamás eran Patri y Lúa. Las hijas Sofía y Wanda. Y los bebés Miguelito y Misifú.

Como habréis podido averiguar, Mixo, Lúa, Wanda y Misifú era una familia de lindos gatitos. Todos en armonía vivían bajo el mismo techo.

Y cada día, los miembros de las familias hacían sus tareas. 

El papá Abel trabajaba de cámara de televisión y se levantaba muy temprano para ir a trabajar, siempre le acompañaba Mixo por si necesitaba ayuda con los cables, los micrófonos...

Patri y Lúa, las mamás, hacía unos meses que habían tenido a sus bebés, Miguelito y Misifú, pero ya se habían reincorporado al trabajo totalmente recuperadas.

Patri era enfermera y hacía el turno de noche en el hospital de la ciudad; Lúa le ayudaba con los enfermos que más cariño necesitaban, siempre se dejaba acariciar y ronroneaba con los pacientes más débiles. 

Por las mañanas llevaban al colegio a sus hijitas, Sofía escondía a Wanda en su mochila y salvo que se lo pidiera nunca asomaba el hocico por la cremallera y se quedaba dormida al calor de la clase.

Miguelito y Misifú, los bebés, acudían a la guardería local, allí cantaban, comían y dormían la siesta hasta que los papás les recogían muy contentos.

A la hora de cenar, Abel y Mixo, preparaban deliciosos manjares para sus retoños. La especialidad de Abel era la pizza, siempre  que la hacía de atún, los gatitos se relamían. 

Cuando se iban a la cama, Patri por teléfono les contaba los cuentos más alucinantes para soñar con aventuras toda la noche. 

Así, repartiendo las tareas, lograban llevar una vida muy feliz. Cuando alguien les preguntaban como lo hacían, ellos siempre contestaban que con mucho mucho amor.


jueves, 12 de mayo de 2022

TOMÁS

Tomás era un niño que vivía con sus padres en un barco. ¿En un barco? Os preguntareis. Sí, en un barco. Y no uno cualquiera, sino en un trasatlántico.

Su padre era pianista y su madre tocaba el contrabajo, y formaban parte de la orquesta de fiestas. 

Tomás, a sus 8 años, había viajado más de lo que muchos sueñan. Y durante estos años, había visto y conocido a muchas personas, a un hindú que comía bombillas, a la mujer más alta del mundo, a la niña Record Guinness de salto de comba, en definitiva, mucha y muy variada gente. 

Tomás soñaba con convertirse algún día en una persona especial como aquellas que veía.

Un día, cuando el barco había llegado a puerto, y Tomás había terminado sus deberes (porque vivía en un barco pero también tenía que hacer deberes), sus padres le dejaron salir a proa y ver como subían nuevos pasajeros.

Mientras observaba, escuchó una voz que le decía: "¡Eh, tú! ¡Eh, niño!"

Tomás miró a su alrededor, pero nadie parecía llamarle.

"Ehh, aquí abajo" - volvió a escuchar.

Cuando bajo la cabeza no podía creer lo que veía, ¡había un pez señalándole! Y no contento con eso, le lanzó una moneda de oro con la boca.

Desde aquel día Tomás supo que él era la persona más interesante que viajaba en ese barco.

Marilibro: En los juegos olímpicos.

  Un día, en la biblioteca del cole, estaba Marilibro leyendo un cuento sobre deportes, tan concentrada y tan atenta estaba que comenzó a se...